En esta reflexión es necesario para mí comenzar separándome de las posiciones de los profesores que evalúan basándose en contenidos conceptuales únicamente, despreciando la idea de aprender haciendo y los contenidos procedimentales y actitudinales. Ni que decir tiene que el hecho de generar un proceso evaluador unidireccional y centrado totalmente en las apreciaciones que realiza el profesor sobre el alumno y las capacidades que interpreta que éste posee. No entiendo que se puedan evaluar competencias personales, sociales y profesionales, en nuestro caso, con estos planteamientos.
Por tanto, interpreto necesario en un primer nivel establecer un Feedback constante en la evaluación con el alumno, durante todo el proceso, mediante el cual no sólo sea el profesor quien conozca el sistema de evaluación , sino también el alumno. Instrumentos como la rúbrica o el portafolios ofrecen esta posibilidad, además de ampliar el sistema en cuanto a la evaluación eficaz de las competencias en los alumnos.
en Flickr de Ricardo Torres Kompen
En el proceso evaluador se debe tener en cuenta bajo mi punto de vista no sólo al alumno, sino también debemos generar técnicas e instrumentos por los que el proceso y el profesor sean evaluados, de una manera formativa y sumativa, a fin de mejorar dicho proceso.
El hecho de establecer consenso con el alumnado en cuanto al método de evaluación y las decisiones entorno a él es una forma de hacerlos partícipes del proceso enseñanza-aprendizaje y por tanto, de favorecer que estén inmersos en decisiones relevantes para ellos y no como meros receptores de la sabiduría de un profesor que dictamina si son válidos o no para aquello en lo que se forman. La innovación en evaluación es necesaria y pienso que las instituciones educativas deberían velar por un planteamiento más cercano al alumno y menos academicista y tradicional.